Otra vez el Supremo y los catalanes. Y el tirador

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNAún no me he repuesto de la impresión. Las redes sociales echan humo con chistes e improperios para los miembros del Tribunal Supremo. Incluso he visto a su Presidente pedir perdón en los telediarios por el impacto producido en los ciudadanos: “Se ha provocado una desconfianza indebida en el alto tribunal y no puedo más que sentirlo. Lo sentimos todos”, leo en El País. Los políticos se han tirado al cuello, subidos en la ola de indignación,  pidiendo una Justicia independiente. Veo una pintada —que adjunto al director de 12endigital para que la reproduzca—, que expresa el sentir de la gente de la calle: “Ese incómodo momento en que hay que explicar a Galileo que el mundo no gira alrededor del sol sino del dinero”. Esclarecedora pintada frente a los juzgados de San Vicente.

El gobierno también se sube a la ola popular —nada que ver con el partido de Casado y Cospedal— y saca un decreto exprés para que los bancos paguen ese impuesto de actos jurídicos documentados. ¿Se dan ustedes cuenta de quién vela por los intereses de los pobres que andan endeudados hasta el pescuezo para tener un techo? Paguen, paguen hipotecas que luego vendrá el Linde de turno —un gobernador del Banco de España cualquiera— y, cuando se jubilen les dirá que vendan la casa para incrementar su pensión y dejen de quejarse.

Los presuntos y próximos hipotecados se barruntan que al final, sea por el concepto que sea, ellos acabarán pagando

La pasta es la pasta y no hay maquillaje ni vuelta de hoja que valga. Los presuntos y próximos hipotecados se barruntan que al final, sea por el concepto que sea, ellos acabarán pagando. La banca siempre gana o, como decía un egipcio que trabajaba en los juzgados de Benalúa cuando eran cárcel: “Indio no trabaja para pierde”.

Sánchez —que gobierna en determinados sitios en coalición con el PP, solo hay que ver los altos cargos que permanecen pegados a sus sillones— ve una gran oportunidad de subir su cotización y dice: “Pido responsabilidad a la banca para no repercutir el coste del impuesto en los préstamos”. El gobierno —habla mi paisana Montero— “velará para que los bancos no repercutan este coste en el cliente financiero”. El gobierno manifiesta un candor que ya querrían para sí las últimas novicias de la congregación de hermanas mercedarias.

¿Quién lo va a pagar? Ningún presidente ni consejero delegado de los grandes bancos que dominan el Ibex 35 y generan jurisprudencia va a pagar un euro por todo esto. De eso estoy seguro.

¡Cómo se nota, señor Echenique, que cuando la ultraderecha campaba a sus anchas, usted no estaba en España y Pablo Iglesias no había nacido!

Los catalanes no son tan malos ni los mossos de escuadra tan inútiles como parecía cuando aparecieron las decenas de bombonas de butano tras la explosión de los terroristas en Alcanar. Esos mossos —no gana uno para sustos, no se puede ser un jubilado pacífico y ver la televisión sin jugarse un infarto masivo— han detenido a un espontáneo —seguro que un descerebrado— que tenía como objetivo matar al presidente Sánchez. La sucesión de las noticias —la cabra tira al monte y cuando suenan cosas de esas me resulta imposible no seguirlas— hace que vea más a un Mortadelo de pacotilla, un Charles Bronson de tercera división que a un terrorista como quieren ver algunos. Oigo a Echenique decir que es una trama de la ultraderecha. ¡Cómo se nota, señor Echenique, que cuando la ultraderecha campaba a sus anchas, usted no estaba en España y Pablo Iglesias no había nacido! Aznar, Rajoy, Casado… son derecha dura pero con un barniz potente de europeísmo civilizado. Ultraderecha eran Sánchez Covisa y sus Guerrilleros de Cristo Rey; Hellín Moro el asesino de Yolanda González; Cerrá, García Juliá, Lerdo de Tejada… los matarifes de los abogados de Atocha, eso era ultraderecha negra y no este fichaje que tiene toda la pinta de un psicópata payesete afanoso de notoriedad que buscaba apoyo logístico en un grupo de guasap.

Lo dicho: Anacleto, agente secreto, viene a salvar la patria. Como Escoiquiz y Chamorro en la conspiración de El Escorial. Señores de Podemos: A ver si subimos un poco el nivel y nos documentamos y le damos un repaso a la historia antes de amorrarnos al pilón de la alcachofa. Casado compara en el telediario las actividades de este Mortadelo con el atentado al Presidente Aznar. Tendremos que mandarlo a clase junto con Echenique y Pablo Iglesias para que aprenda a distinguir.

Mis amigos de Rotary Club Elda Vinalopó —un grupo realmente preocupado por la solidaridad y los problemas sociales— me invitan el miércoles para hablar con ellos del “Problema catalán”. Se ve que han leído algunos de los artículos anteriores publicados en 12endigital.

En Cataluña han dado un golpe de estado como la copa de un pino. La Justicia —hemos de creer en ella porque es la única que tenemos— inicia un procedimiento contra los responsables y unos cuantos dan  con sus huesos en la cárcel. ¿Tienen esos presos privilegios? De eso hablaremos.

Allá por 1640 cuando tuvo lugar el  «Corpus de la sangre», el encontronazo entre unos soldados castellanos y un grupo de segadores fue propiciado por un motivo económico

Lo catalán viene de lejos… Allá por 1640 cuando tuvo lugar el  «Corpus de la sangre», el encontronazo entre unos soldados castellanos y un grupo de segadores fue propiciado por un motivo económico. No querían alojar soldados en casas de payeses y darles cama y comida, mientras se libraba la guerra con Francia. Hubo un alzamiento generalizado porque todas las graves revueltas esconden economía detrás. Choca la autoridad real – poco respetada- con los privilegios de Cataluña que el rey había jurado. Hay muertos encima de la mesa y se declara una guerra abierta. La iglesia —siempre oportunista— se manifiesta catalanista abiertamente. Pau Clarís —cura— proclamó la República catalana y  se colocó bajo la protección del rey de Francia Luis XIII y lo nombra conde de Barcelona. Una república con un conde que es rey y bajo cuya capa se colocan. Muy raro todo.

En las guerras los políticos imponen condiciones inconcebibles en tiempos  pacíficos. Olivares,  centralista convencido, vio en la guerra con Francia la ocasión para dotar a la España-nación de un Estado uniforme y orgánico que no tenía, acabando con la invertebración existente. Ante la presión del ejército monárquico, Cataluña se une a Francia apresuradamente. La experiencia francesa fue decepcionante y no les quedaron ganas de volver bajo la administración  gala. Volvieron pero siguieron resabiados.

Se extinguen los Austrias porque se casaban unos primos con otros hasta cansarse —un problema desconocer las leyes de Mendel— y sale un rey tarado que quita a cualquiera las ganas de ser monárquico. Entra otra dinastía —Borbones— y ya tenemos de nuevo otra guerra montada porque el poder siempre es un motivo de pelea. La historia la escriben los mismos que escriben las leyes: los que ganan. Y Felipe V, con los Decretos de Nueva Planta, da nuevos motivos de agravio a los catalanes. Y así hasta hoy. Pasando por las Guerras Carlistas, en las que también los catalanes se alinearon con los perdedores, la Semana Trágica, la República y la proclamación del Estado Catalán por parte de Companys al que la Gestapo capturó en Francia y al que Franco se dio el gusto de fusilar como era su estilo. La historia…¡qué gran maestra!

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