Luis Tancredo

Pedro NuñoEl actual alcalde de Alicante, Luis Barcala, llegó a ser y es primera figura en el cartel, con mando en plaza, gracias al transfuguismo más miserable por ambas partes en la lidia política convertida en circo romano sin reglas: una, la de la interfecta, Nerea Belmonte, expodemita hoy vilipendiada por una izquierda que no supo mantener al atrabiliario regidor socialista en el poder, ni parapetar sordera a los cantos de sirena que al final acabaron encantando a la escapista tan falsa y aparente como un truco del gran Houdini. Entre otras razones: y como primera salvedad, porque el tal Echávarri, tanta gloria tenga como paz dejó, no regía. Pero también por luchas intestinas de la cuadrilla del Bombero Torero donde el lingüista pretendía ser urbanista; éste legislador de aperturas y cierres; y la “boca de hacha”, Marisol “la Roja” —que te quiero verde—, portavoz de una nueva ideología municipal basada en el estufido y el improperio malsonantes. Y, en segundas partes, al pretender resucitar en la ciudad de Alicante, el batiburrillo de la Primera Internacional; recuerden como acabaron a mamporro limpio comunistas y anarquistas en el XIX, o a tiros en la barriga en la Guerra Civil española. La acracia callejera de “pidamos lo imposible” no cabía en el cuartel marxista de Izquierda Unida, porque sabe muy bien cómo acabaron los cantonalismos.

El alcalde pepero ha optado por quedarse en “don Tancredo”, es decir: subiéndose a una silla colocada en medio de la plaza y practicar el quietismo

Hoy, el alcalde pepero, entre zen y astuto, sabiéndose incapaz para la lidia con un toro enseñado en los corrales del minotauro, ha optado por quedarse en “don Tancredo”, es decir: subiéndose a una silla colocada en medio de la plaza y practicar el quietismo, sin mover pestaña. Así que, morlacos y cabestros derrotan contra la sufrida barrera nacional de la derechona astillada por la corrupción que acabó con Rajoy, pero no con la banca —a la que asusta más el Supremo que el Gobierno—; o deambulan por el ruedo esperando cornear a lo que se mueva hasta las próximas elecciones. Incluso a veces también se tiran un puntazo entre ellos/as mismos por ver quién saca más cuello electoral por encima del burladero demoscópico.

Así pues, la ciudad permanece inane dormida en un mal sueño, pero de esos que ni se recuerdan como ciertos actos fallidos. Ni una obra importante mientras se dibujan las quimeras con siglas que nos venderán mañana. Solo hay que mirar alrededor: Valencia, Albacete o Murcia, cómo estaban hace 25 años, y cómo se demuestran ahora dejándonos los sábados en aquella “Ciudad de la primavera” que debimos ser.

Unas encuestas dicen que volverá a ganar el tripartito, lo cual hace un flaco favor al transfuguismo y las luchas internas. Otras que Pepe con Ciudadanos, algo que también mosquea, pues todos sabemos que desde Madrid se reparten capitales en condiciones de poder pactado, y como moneda de cambio, no vayamos a ser nosotros la calderilla frente al billete de Valencia capital.

El problema para el actual alcalde es que también le impongan desde Valencia las listas futuras

Ilústreme, querido lector, si desde Agatángelo Soler —hace ya más de medio siglo— algún alcalde ha hecho algo grande equivocada o acertadamente, para esta ciudad. Hace bien pues Luis Barcala en mantener su estatismo para no caer en el ridículo de la charlotada, mientras Ángel Franco juega al teto con Ximo Puig, los nacionalistas se dividen entre Girona y Orihuela, y Podemos se disputa con Izquierda Unida la calle de la izquierda por donde deberán correr mañana. El problema para el actual alcalde de iure y de rango, pero sin absolutismo ilustrado, es que también le impongan desde Valencia, con algún apósito de Madrid, las listas futuras. O que se crea Sancho en la isla Barataria. Dentro de poco vendrá el cuerpo a cuerpo metiendo el cacho, pero fuera de los plenos, y es ahí donde quiero ver cómo torea don Tancredo al bajarse de la silla.

 

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