El asesino de Kennedy

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNEs una verdad asumida, aunque algunos se nieguen a decirlo  en voz alta: una de las principales tareas del gobierno es soportar la leña que le da la oposición parlamentaria, los tertulianos, los tertulianos en la barra del bar, los curas en los púlpitos, los tránsfugas, los jubilados desocupados y quejumbrosos – como yo mismo-, la ultraderecha parla o extraparlamentaria, los sindicalistas, los funcionarios trabajadores y los que están de baja, los militares de carrera y los chusqueros, los jueces pata negra y los del cuarto turno, los interinos, los opositores, los miembros de la conferencia episcopal, los corruptos, los políticos presos, los catedráticos, los médicos internos residentes,  los emigrantes legales y los que han llegado en patera. Absolutamente todos. No sé si me he quedado algún colectivo en el tintero que yo escribo aún con pluma y la recargo con tintero como en la antigüedad. No sé si he hecho una clasificación adecuada – estoy seguro de que no-  o me he ido por los cerros de Úbeda como el gran Pepe Isbert que en una de sus clasificaciones geniales dividía el género humano en niños, personas o militares.  Absolutamente todos se sienten con derecho a darle cera al gobierno. Y lo tienen.  Leña al mono hasta que hable inglés. Eso va en el cargo, en el complemento específico, en la indemnización por residencia,  en la moqueta, las secretarias, los pelotas incorporados, los jefes de gabinete y el coche oficial.

No sé por qué ese empeño en criticarlo tanto, en darle golpes bajos y hurgar con saña en las partes blandas si este gobierno es como la homeopatía

Aún admitiendo la evidencia, no sé por qué ese empeño en criticarlo tanto, en darle golpes bajos y hurgar con saña en las partes blandas si este gobierno es como la homeopatía. No habléis mal de la homeopatía que nunca ha hecho nada.

Esta mañana, refugiado en casa pendiente de la gota fría,  recibo un mensaje de esos que saltan automáticamente en el teléfono con letras gordísimas, con luces y con pitidos capaces de despertar a la bella durmiente: La extrema izquierda que gobierna este país ha dado órdenes…

¿La extrema izquierda gobierna? Podría dar una lista de altos cargos del PP que casi medio año después siguen en la moqueta, con su silla regulable en altura y su par de secretarias en la antesala. Nada que ver con aquellas tablas rasas y mesas limpias de cuando mandaba la extrema derecha que añoran quienes mandan esos mensajes.

El pobre Sánchez da la impresión de ser un osito amoroso que pone a niñas en su sillón monclovita para que saboreen momentáneamente las mieles del poder. Lo más parecido a un Bob Esponja  que acude a las clases de EGB a hacer tertulias, que busca gente para que lo salude por piedad y disfruta con sus Raiban haciéndose fotos en el helicóptero como si fuera un piloto americano en el Vietnam de esos que salen en la mil películas rodadas para mayor gloria yanqui. Eso es un presidente con un par de huevos. Ahí lo tenéis, en un helicóptero, y no Rajoy, que desde que se dio aquella piña con Esperanza Aguirre al despegar de la plaza de toros de Móstoles, lo más arriesgado que ha hecho ha sido andar a paso ligero con el marido de Ana Pastor.

Dejad tranquilo al pobre Sánchez y dadle un poco de cuartelillo a ver si es capaz de hacer algo y no pasar por la Moncloa como la homeopatía por la vida de los pacientes prostáticos

Dejad tranquilo al pobre Sánchez, por favor, que le lleváis un marcaje que ya habría querido Luis Enrique para los delanteros ingleses en la infausta noche del Benito Villamarín. Con medio marcaje como este no nos habrían dado los ingleses más palos de los que recibió la Armada Invencible. Dejad tranquilo al pobre Sánchez y dadle un poco de cuartelillo a ver si es capaz de hacer algo y no pasar por la Moncloa como la homeopatía por la vida de los pacientes prostáticos.

Se ha puesto manos a la obra el presidente Sánchez – lo cual ya es algo- y en compañía de los ultra comunistas, esos con los que forma el gobierno de extrema izquierda, ha perpetrado unos presupuestos que han puesto a la ultraderecha de los nervios. Amenazan con los siete jinetes del apocalipsis, las siete plagas bíblicas  – ¿eran siete?-, con desatar las puertas del averno y con que los independentistas catalanes vengan a comerse a los niños de hasta cinco años en las puertas de los colegios.

“¡Esto es el inicio de una recesión!” Vociferan rasgándose las vestiduras, gimiendo y llorando por los escenarios europeos y augurando todas las catástrofes económicas posibles.

“¡Haré todo lo posible para que el salario mínimo no sea de 900 euros!” Entona Casado que es seguido de inmediato por su colega Rivera  – Primo de -. Está claro. Ya me he enterado perfectamente de cuál es la política  de la derecha del capital. Inyectar miles de millones de euros rescatando bancos, está muy bien, aunque cuando los bancos empiecen de nuevo a ganar pasta por un tubo solo beneficien con sus ganancias a sus accionistas. Rescatar autopistas ruinosas – como las que rodean Madrid- tampoco entorpece ni hace daño a la economía. No molesta en absoluto encarecer las obras públicas porque los empresarios que pagan comisiones no las dan por la cara sino que luego las endosan a la factura, no nos engañemos. Está muy bien pagar mil ochocientos euros al mes, en concepto de ayuda a la vivienda, a políticos cuneros que, teniendo casa en Madrid, se han presentado por una provincia remota en la que le encontraron un hueco. Todo eso está muy bien y sin embargo es cosa de rojos, de anarquistas y de gente con el nivel cultural de un niño andaluz – Tejerina dixit- pretender subir el salario mínimo, poner al día las pensiones o quitar el impuesto al sol en un país en el que la horas de insolación son semejantes a las que hay en el Sahara.

No vale liarla parda con el rollo de la secesión catalana y luego andar buscando enchufe con la fiscalía e intentar cambiarle los cromos al pobre Sánchez

Dejad tranquilo a Sánchez que no pasa nada porque Iglesias se pegue una parrafada con Junqueras. A ver si le hace ver que, quien da un golpe de estado, o atraca un estanco, o arrastra a una vieja para quitarle la medalla de la Virgen del Carmen, luego tiene que asumir lo que los abogados llaman “las consecuencias jurídicas del ilícito, del tipo penal en el que se puede subsumir su conducta”. No vale liarla parda con el rollo de la secesión catalana y luego andar buscando enchufe con la fiscalía e intentar cambiarle los cromos al pobre Sánchez para que les hagan un paripé  de juicio y se puedan ir de rositas.

Ya me lo decían los etarras con los que yo hablaba como Zapatero con Otegui o como Iglesias con Junqueras – solo que yo no mandaba y cobraba mucho menos, un funcionario pelao-: si uno da un golpe de estado o al estado y triunfa, es un gran estadista. Si pierde, es un preso… que era como ellos estaban cuando hablaban conmigo. Dadle un poco de cuartelillo a Sánchez, ¡leches! Que al final lo vais a acusar de la muerte de Kennedy, de Prim, de Cánovas y de Carrero Blanco.

¡Señor, llévame pronto que esta vida solo tiene ya el aliciente de Marc Márquez ganando carreras en la moto GP!

One thought on “El asesino de Kennedy

  1. Bueno, bueno, amigo Avilés….Sánchez, dejado está, salvo por Iglesias que sabe perfectamente los réditos que puede sacar del asunto, y además no hay que asombrarse porque todos los que dices (y algunos más) lo ponen a caldo, pues, como aseguras, siempre la oposición arremete contra quien gobierna (que le pregunten a Rajoy, por ejemplo), es consustancial con el sueldo que ganan, sobre todo si quien gobierna pretende hacerlo con 84 escaños de una Cámara de 350 y los que les faltan pretende buscarlos entre populistas, nacionalistas, secesionistas y todo el que pase por allí, sean totalitarios o demócratas, le insten o no a prevaricar o le hagan chantaje para sostenerlo en el poder, pues en Democracia siempre hay algo mejor: convocar elecciones y que el pueblo español decida.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.