Nuestra España – PETIT COMITÉ

Elsa Martínez PETIT COMITÉLa bendita generación del 98, esa del siglo XIX que integraron Miguel de Unamuno, Pio Baroja o Valle Inclán… me viene siempre a esta memoria metódica cuando soplan los vientos de la españolidad y se azuzan las conciencias dormidas sobre la importancia de una España que ni el Quijote podría describir mejor en sus molinos de viento y los campos de la Mancha inundados por las rotundas formas de Dulcinea. Hoy la tendencia, para este finde no es nada relacionado con el glamour ad hoc, o la vida de color de rosa. Hoy toca hablar de algo mucho mas intenso, de perfume menos ligero o liviano, pero no por eso menos interesante. Este largo puente que comienza con La Virgen del Pilar y el Día de la Hispanidad, me atrevo a recomendaros que practiquemos un poquito el orgullo patrio. Ojo, el orgullo milenario arrastrado en su conjunto. España camisa blanca de mi esperanza… esa que describió tan bien el amigo Blas de Otero me inspira para recomendar que el lujo, señores y señoras, es valorar lo que nunca hacemos: ser español.

¿Cómo es posible que en Londres o en París la gente pueda ser inglesa orgullosa o poner una fiesta temática y yo si hago lo mismo en España soy un facha?

Mi hijo, que como todos los jóvenes es sabio en su increíble impaciencia por vivir y con la inocencia de no tener poso de maldad alguna acumulada por los años… Él me decía desde su trabajo en Londres, donde esta aprendiendo a ser un europeo en condiciones. “Mama, ¿cómo es posible que en Londres o en París la gente pueda ser inglesa orgullosa o poner una fiesta de temática francesa, o ser ciudadanos orgullosos de sus cosas y yo si hago lo mismo en España soy un facha?” Pues aquí radica el tema de hoy.

España es inmensa, es multicultural, plurilengual, mixta, hermosa en su contraste, confluencia de pueblos, mezcla incalculable de razas, amores y poderes, visigótica a ratos, mora por los cuatro costados en otros ratos, judía a mucha honra también, ahora también budista, del sur y del norte, basculada como su hermosa meseta hacia las costas del Oeste, donde ríos increíbles como el Duero o el Tajo surcan el arte de sus parajes. Es bella a rabiar entre Íberos, Celtas, Damas de rodetes, fenicios, tartésicos, vándalos, alanos que pasaron y dejaron alguna cosa también por aquí, romanos, franceses, y ahora un sinfín de finlandeses, noruegos, suecos o alemanes —ingleses son ya un clásico— que por Alicante hacen sus delicias entre restaurante, hoteles, playas… solo superados a ratos por un pueblo ruso que ya es parte de nosotros mismos.

Mi querida Hilde, que el jueves que viene inaugura una más de sus agencias de lujo inmobiliarias Costa Weflen Group, tiene claro —sin embargo— que adora España. Ella siente a veces más orgullo por mi tierra, mis calles y mi gente, que nosotros mismos. Es curioso este hecho que hace la madre patria con los españoles y que Arturo Pérez Reverte describe muy bien en sus personajes de caballeros audaces controvertidos con lo español y amantes de su historia.

Os voy a recomendar vivir la españolidad sin complejos, zamparos una tortilla, un  gazpacho, un cocido, una paella o una versión de alta gastronomía de la misma

Así que hoy os voy a recomendar vivir la españolidad sin complejos. Zamparos una buena tortilla, un gran gazpacho, un mejor cocido, una inconmensurable paella, o bien una versión de alta gastronomía de la misma como la que practica Quique Dacosta y sed muy felices. Leamos de nuevo nuestras grandes novelas, practiquemos nuestros deportes, descubramos de nuevo el cine de toda una vida, apostemos por el futuro sin tapujos, y, sobre todo, sepamos que cada rincón de Alicante siempre se sintió también español, con el orgullo de un himno que incluso en nuestra Comunidad Valenciana habla de gloria, honor y comunidad de destino.