ENTREVISTA a Lola Serna, Misionera Verbum Dei: “Creer es amar a los demás, yo se lo digo cada día a los padres y madres de mis niños”

Lola Serna, Misionera Verbum Dei2.jpgLa Familia Misionera Verbum Dei —FaMVD— es una institución de la iglesia católica al servicio de la Palabra de Dios. Impulsa, orienta y es garante de la Familia y, unida en un mismo espíritu evangélico, realiza una genuina identidad apostólica en fidelidad conjunta al carisma recibido. Está formada por tres ramas de personas: una rama de mujeres, otra de hombres y otra de matrimonios laicos que desean compartir su vida con la difusión de la palabra de Dios. Todos ellos dedicados a formar apóstoles para expandir el evangelio.

Nuestra invitada de hoy se plantea la vida con sonrisas y optimismo. Ella sabe lo que es enfrentarse a las dificultades y lo que es tener fe y extender la mano. La importancia de una sonrisa en los momentos difíciles.

Hoy hablamos con Lola Serna, enfermera, natural de la montaña palentina, criada en Valladolid y  Alicante. Es Misionera Verbum Dei. Transcripción de la entrevista mantenida con Teddy García en el programa Café con… de 12TV.

PREGUNTA: Lola ¿Nos estamos olvidando de tender la mano?

RESPUESTA: Yo ya tengo unos años. Me duele cuando veo a personas que cierran la mano y a su alrededor no crea humanidad. Pero yo hace tiempo que entendí que lo importante es lo que yo haga. Lo que está de mi mano. Porque si estamos pendientes de lo que hacen o no hacen los demás, eso también nos contagia esa negatividad. Entonces no podemos estar pendientes de los demás, es mejor que miremos qué es lo que nosotros hacemos para contribuir a construir un mundo mejor.

P: Una vez oí que “lo importante es siempre sembrar”. Y que cada uno se preocupe de su propia parcela. Entonces tú te preocupas de tu propia parcela…

R: Es lo que está de mi mano, ya me gustaría… Yo cuando me metí a misionera creía que podía cambiar yo el mundo. Estaba en ese momento del fuego de la pasión del enamoramiento. Entonces estaba en eso de transformar el mundo. Entonces creí que iba a ser yo la que lo hiciera, yo me lo creí. Yo con él, pero yo. Y cuando ha pasado ya tantísimo tiempo me he dado cuenta de que es una transformación personal. El mundo cambia en la medida en que tú y yo y los que nos están escuchando vayan sembrando amor. Pero yo también comprendo que no es fácil. Porque desde el momento de la siembra hasta que se ven los frutos pasa mucho tiempo sin que veas, y aparentemente parece que no sirva de nada. Parece que todo es fracaso y no se ven los frutos. Yo he tenido la suerte de ver ya algunos frutos en vida, pero no es siempre así. hay personas a las que Dios les ha concedido el no ver los frutos en vida. Después de toda una vida de trabajo murieron sin verlos, pero luego empezaron a brotar. Si siembras, el fruto sale. Todo lo que haces sirve para que alguien lo aproveche, porque Dios tiene una visión panorámica. Entonces, todo lo que hacemos de bien sirve para el bien común.

P: Siempre que he tenido a alguien de tu perspectiva delante he tenido ganas de preguntar esto: ¿Qué es el amor?

R: Pues para mí el amor tiene rostro. Se llama Jesús de Nazaret. Para mí el amor es él. Es la fuente del amor. De visita somos todos muy buenos, y yo que tengo sonrisa fácil, esa sonrisa me la regala cada día él. Cuando lees el el nuevo testamento y lo haces con fe te das cuenta que están escritas para ti. Yo he experimentado esa sensación de que lo que leo está escrito para mí, palabras como por ejemplo: “No temas, yo te amo. Eres de gran precio para mí”. Estas palabras, cuando las he pasado por el corazón y las he saboreado —claro que yo siempre las he escuchado desde el sufrimiento porque donde me muevo es en ambientes de sufrimiento— a mí me da ese amor que yo luego puedo expresar con mis niños o con mi madre —que tiene Alzheimer— me hace amar como yo me siento amada. Porque a lo mejor no estoy escuchando esas palabras cuando las merezco. Porque yo no soy una santa. Tengo mis fallos y mis dudas. Pero Dios no le vuelve la cabeza a las deficiencias humanas, porque somos humanos.

Lola Serna, Misionera Verbum Dei3.jpgP: A veces pensamos que el amor es besar o abrazar, pero también es un acto de amor un buenos días, una sonrisa o un alto para preguntar qué le pasa al que está a mi lado, porque el amor no es solamente religioso…

R: Por supuesto. Aunque me rodeo cada día de gente que dice que no cree yo no me lo creo. Porque creer en Dios es amar. Si tú amas, eso es lo importante. Estás creyendo en la palabra de Dios. No hace falta que vayas a misa, ni que reces ni participes en la liturgia. Creer es amar a los demás. Yo se lo digo cada día a los padres de mis niños, cuando me dicen : “Lola, aunque se haya ido, yo siento que él está por aquí conmigo y que no se ha ido para siempre”. Y yo les digo que eso es lo que creemos los que tenemos fe.

Se relaciona la fe con los cultos religiosos, y no es así. Desde el momento en el que tú te entregas a los demás y eres capaz de ayudar a las personas ya tienes fe

P: Tus niños son niños y niñas con cáncer que están en tratamiento en el Hospital General de Alicante

R: Sí. Perdón, es que hablo de ellos sin presentarlos. El 80% se cura y se salva, pero lamentablemente algunos no lo superan. Cuando se muere un niño y yo hablo con las madres y padres, a mi me interesa mucho saber qué relación tienen con el niño. Y todas me dicen que experimentan que siguen teniendo a su niño cerca, que no se ha ido para siempre. La gente tiene mucha más fe de la que cree. Lo que pasa es que se relaciona la fe con los cultos religiosos, y no es así. Desde el momento en el que tú te entregas a los demás y eres capaz de ayudar a las personas, entonces tienes fe. Yo voy a las eucaristías para formarme, para cargar las pilas y recargar cada día mi fe. Porque muchas veces nos equivocamos. Queriendo ayudar y proteger —especialmente a los hijos— superprotegemos a nuestros seres queridos y no les permitimos desarrollar sus propios potenciales. Y cuando se trata de niños y niñas con cáncer, eso se acentúa más. Con buena intención, pero no nos damos cuenta.

P: A veces con las buenas intenciones hacemos mucho daño…

R: Muchos padres y madres están predispuestos a dar a sus hijos lo que ellos no pudieron tener, y eso no siempre es bueno. Hay que dejar que desarrollen su propia personalidad y escucharlos a ellos. Queriendo darles lo mejor, a veces equivocamos el tiro y les hacemos daño.

P: ¿Cómo desarrollas tu papel de misionera?

R: Lo mio es un caso atípico, porque yo solo estuve dos años de misionera por circunstancias familiares. Mi madres se puso enferma y tuve que volver para estar con ella. Mi hermano —Félix— también quiso entrar en esta comunidad. Es sacerdote y hace honor a su nombre. Es una persona superfeliz y alegre, es… —bueno es que es mi hermano y no soy objetiva— una persona muy especial. Va a hacer ya sesenta años.

P: ¿Y cómo enlazaste tú tu vida misionera?

R: Tuve la suerte de que el fundador me permitió seguir la misión desde mi casa. Me dijo que podía seguir siendo misionera desde mi casa. A mi se me cayó el mundo encima, porque yo quería cambiar el mundo. Quería irme a África y aportar allí mi entrega, pero me tocó volver para cuidar a mi madre. Cuando yo ya había tomado la decisión. Había renunciado a mi profesión de enfermera para entregar mi vida a Dios, entonces me tocó dejarlo todo otra vez y volver a casa para estar con mi madre y trabajar desde aquí para la pequeña comunidad que poco a poco he ido creando.

Es que Dios cuando quiere de verdad se empeña en que las cosas pasen. Para mí fue un palo volver para cuidar a mi madre. A mí no me ha gustado nunca. Ella está enferma, más bien de tipo psicológico. Es hija de la guerra, viuda desde muy joven. Eso le ha marcado la vida. Y además, con solo dos hijos y los dos entregados a Dios como misioneros… pues ella eso no lo podía entender, hay que comprenderla a ella. Entonces me vine a Alicante para estar con ella, pero a la vez fui creando mi conunidad. Ahora tengo —desde hace tiempo— una pequeña capilla por la zona de la plaza de toros de Alicante. Allí hay un cristo con la mano extendida —yo lo pedí así— para hacer gala de lo que predicamos, la mano extendida.

P: Y además sin miedo a los medios de comunicación, porque tengo entendido que también hiciste pinitos en la televisión

R: Eso fue casi de casualidad. Cuando empezaban con la televisión en Alicante surgió la posibilidad de grabar programas para divulgar la palabra desde aquí. Luego les vendieron el programa a la Madre Angélica de EEUU y allí parece ser que tuvo bastante éxito. Tanto es así que en un encuentro internacional, cuando vino el Papa, había gente de Colombia y de otras comunidades hispanohablantes que vinieron a decirme que veían mi programa y hacían oración con migo. Fíjate que cosas. Por qué caminos nos lleva Dios.

Cuando se iba a formar la unidad oncológica en el Hospital le dijeron al doctor Esquembre: “mira, solo nos queda una enfermera, que es muy conflictiva y además es monja”

P: Presentadora de televisión, Enfermera, misionera y cuidadora de tu madre…

R: En realidad yo lo que soy es misionera. Yo soy misionera y esa es mi vocación, lo que pasa es que también tengo que vivir y mantenerme y por eso trabajo de enfermera. Fui la fundadora de la sección de oncología del Hospital General de Alicante con el doctor Carlos Esquembre, que es una maravilla de persona.

P: Ese dato no lo sabía…

R: Buscaban formar un equipo para la sección de oncología —hace veintitrés años— y en ese momento ninguna de mis compañeras quiso ir. Era una parcela poco agradable y declinaron la invitación muchas de ellas. Yo, por aquél entonces, estaba considerada como una enfermera conflictiva. No me gustaba cómo se estaban haciendo las cosas, y lo decía. Y claro, eso no gustaba a las demás. A mí me parecía que se podía hacer mejor. Entonces le dijeron al doctor Esquembre: “mira, solo nos queda una, que es muy conflictiva y además es monja”. Ufff. Yo no me considero monja. No lo soy, pero así se lo dijeron al doctor. Él dijo: “ufff, qué le vamos a hacer, pues que venga la monja, si no hay otra”.

Yo cuando fui le dije que a mí lo que me gusta es estar con el niño y no tantos papeles y burocracia. Creo que en el primer momento no hubo mucho feeling, pero él también es así. Enseguida conectamos y formamos un excelente equipo. Centrado en lo mejor para el niño y las familias. Ese era también su objetivo, así que lo hicimos.

En ese momento las familias alicantinas tenían que ir a Valencia para que atendieran a sus hijos. Entonces las familias movieron los hilos para que se instalara la sección en Alicante para atender a los niños aquí.

Lola Serna, Misionera Verbum DeiP: Es un mundo muy delicado…

R: El objetivo es formar una familia. Han ido falleciendo niños y aun así nos seguimos reuniendo con los padres y madres con la psicóloga. Reuniones con padres y madres de niños en duelo, como algo extra del hospital, donde hablamos de sus hijos, de cómo eran y sus características. Cosas buenas y graciosas que nos hacen reír y llorar. De ahí salieron charlas que doy en congresos, cursos y en la propia comunidad misionera para hablar sobre el “acompañamiento en el sufrimiento”, que es el enfoque de las ponencias.

Nos reunimos con padres y madres de niños en duelo donde hablamos de sus hijos, de cómo eran, de cosas buenas y graciosas que nos hacen reír y llorar

P: Tenemos un niño con cáncer y hay que hacerle frente a la enfermedad. Al comunicarlo a los padres ¿enferman ellos también?

R: Y si el niño muere, ellos nunca se recuperan de esa enfermedad. Toda la familia se desestructura y hay que organizarlo para que no cause males paralelos. La noticia de que un niño tiene cáncer se asocia a la muerte —aunque el 80% se curan—. Pero un 20% mueren, y esa es todavía una cifra terrible que uno no sabe bien cómo encajar.

P: ¿Y cómo se hace?

R: Yo cada vez que se muere un niño me quedo deshecha. El sufrimiento te une. Yo no sé poner barreras al sufrimiento con los niños, porque si lo haces también pones barreras al gozo. Quiero decir que me implico tanto que no sé separar lo personal de lo profesional. Por eso cada vez me quedo dañada. Hay preguntas que no tienen respuestas. Necesito creer en Dios y dejarme llevar por su palabra. Una vez le pregunté ¿por qué permite Dios la muerte? Pero me dí cuenta que para Dios no existe la muerte. Pasamos a una mejor vida, por eso lo permite.

Si yo sigo ahí es por la certeza de que seguimos echando una mano, con Dios como aliado.

P: ¿Lola, muchas gracias por venir. Ha sido un placer.

R: Muchas gracias a ti Teddy.

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