LA IGUALDAD ANTE LA LEY

Manuel Avilés, escritor fondo blanco OPINIÓNMis colegas del ICALI –el Coro del Colegio de Abogados de Alicante–  son unos fenómenos. Además de divertirme con ellos  –disfrutando intensamente de uno de los pocos placeres que pueden experimentarse con los pantalones puestos: la música bien ejecutada y mejor dirigida–,  me mantienen puntualmente informado de cualquier noticia que no sea un mero chisme ni una cuestión sin importancia. ¿Hay algo de lo que realmente uno tenga que estar puesto al segundo? Lo pasan de inmediato a ese grupo de Whatsapp imprescindible, el único de los que tengo y en los que estoy, en el que aún no me han mandado un solo mensaje con ese negro que se ha hecho famoso en el mundo entero: el negro del Whatsapp… Y no daré más detalles.

Andaba  –instalado en mi jubilación ociosa y pacífica –  caminando a un ritmo superior al de Rajoy por la Albufereta alicantina, que mi amigo Santiago  – el de Vectalia para entendernos–, requiere de paseos por la arena a velocidad de legionario para durar –como yo mismo–  o intentarlo, más que un martillo enterrado en paja, con perdón de la palabra.

Embebidos en esos menesteres de mera supervivencia suena el pito del Whatsapp y leo estupefacto: “El Supremo retira la Euroorden contra Puigdemont”.

Vamos a ver si me aclaro que es posible que el alemán cabrón – Dr. Alzheimer– o el italiano que vive conmigo – Franco Deterioro–, me hayan nublado las ideas  y hasta sea  incapaz de distinguir entre Rajoy y Rivera o entre Ada Colau y Pablo Iglesias. ¡Organización! Clamaba el moro en el Guadalquivir de Eslava Galán –y ya tienen un motivo para leer esa obra deliciosa porque yo aquí no les voy a dar más explicaciones–. Me jacto de no  leer nada de derecho desde hace más de quince años. Desde mucho antes de iniciar mi estancia en la escombrera en que estamos sentados todos los jubilados, con Lagarde y Montoro deseando que palmemos para que el Estado suelte lastre, solo leo Novela negra y Novela histórica, otro placer, contrariamente al derecho que es un suplicio.

¿Cómo es que el Supremo retira la euroorden para detener a Puigdemont? ¿Van a dejar que este fugitivo se vaya de rositas? –me pregunto angustiado–.

¡Organización!  Aquí, que yo sepa, y conforme a mis cortas entendederas, ha habido un golpe de Estado con todas las letras. No ha habido un Tejero tiroteando el techo del Congreso y mandando echar cuerpo a tierra a Suárez y a Carrillo pero ha habido una conspiración que no cesa y que ha causado mucho más daño. Solo hay que mirar a la desbandada empresarial en Cataluña y la puñalada trapera que le han endiñado al crecimiento económico, ese del que se jacta continuamente el Gobierno pero que las clases más desfavorecidas no ven por ningún sitio, que en España aumentan exponencialmente los ricos y multitudinariamente los pobres. El golpe de Tejero  se saldó con unos cuantos litros de gasolina, incluidos los que derrocharon por las calles de Valencia los tanques de Milans del Bosch y los de la Brunete del general Juste y pare usted de contar, que andábamos aún en la prehistoria y a los dos días los golpistas estaban en la cárcel y el país curándose de la resaca.

Este golpe – sin tiros en ningún techo de ningún monumento nacional, sin tanques y sin cabos chusqueros gritando cuerpo a tierra– ha hecho mucho más daño.

Pido explicaciones a los chicos del coro y me refrescan la memoria con el tema de la extradición –que yo ese día fui a clase pero el italiano con el que vivo me la ha borrado–. Cuando pides a un país la extradición de un delincuente –presunto porque aún no lo han juzgado–, ese país te limita y solo puedes enjuiciarlo por aquellos delitos por los que la extradición te ha sido concedida. Como los belgas son muy suyos y son capaces de ducharse sin mojarse y de andar por las escaleras sin que sepas si suben o bajan, parece que se la estaban cogiendo con papel de fumar en el asunto de la Rebelión y la Sedición. Y ahí es donde ha tenido vista el Supremo, sin que sirva de precedente.

Tendría gracia que extraditaran al fugitivo Puigdemont y a los fugados con él y que pudieran ser juzgados por más delitos los que se han quedado aquí y han empezado a chupar días de patio en el trullo.

No soy españolista, no soy independentista, no me encuadro en la ultra derecha exacerbada, realmente no soy nada, solo un mero observador, situado sobre un montón de escombros al modo de Diógenes. Hasta voy abjurando poco a poco de mi anarquismo porque a estas alturas de la vida un buen arroz, una charla relajada con los amigos, una ruta lúdica en moto o incluso una buena erección a tiempo –véase Groucho Marx– son preferibles y se deben anteponer a cualquier honor, farándula, medalla, nombramiento o similar. Me fastidia, eso sí, la desigualdad ante la Ley, esa que pregonan día a día los grandes voceros de la Constitución. Yo la respeto –solo faltaba– y hasta puse mi granito de arena en ella porque entonces –cuando había mili obligatoria– me tiré un mes sin ducharme, con más mierda que el palo de un gallinero, haciendo guardia en un polvorín en Sardón de Duero porque había que controlar los centros neurálgicos del Estado por si atacaban los enemigos de la patria e impedían el voto en paz.

¿Cómo va a haber igualdad ante la ley si a un “pringao” lo defiende un abogado de oficio –que cobra tarde, mal y nunca– y conoce al justiciable y su problema dos días antes del señalamiento? Puigdemont y sus secuaces –es solo un ejemplo que podríamos ampliar a otros muchos–  disponen de un batallón de abogados especializados en cada disciplina  –seguimos con el lenguaje militar– que recurren, enredan, objetan, argumentan, publicitan y tocan los mismísimos hasta la saciedad. Es su papel. Todo en aras del sacrosanto derecho legítimo a la defensa. Esa situación de atención jurídica extrema –y la de tantos otros forradísimos y con acceso a prestigiosos bufetes–  ya es generadora de desigualdad. La igualdad ante la ley es tan verdad como el derecho al trabajo y el derecho a la vivienda, quimeras muchas veces irrealizables.

NOTA: En otro orden de cosas me parece muy bien que el gobierno haya propiciado el reintegro de las obras de arte de Sijena al lugar del que salieron. Sigan en el mismo camino y traigan la Dama de Elche a Elche y la Dama de Baza a Baza, por poner dos ejemplos.

 

One thought on “LA IGUALDAD ANTE LA LEY

  1. Mira por donde ,yo también estuve en Sardón de Duero…me revolviste los recuerdos..en la más absoluta de las soledades estabamos…curioso destino y curioso sitio , artillero..

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