El alcalde “desenfocado”

Pedro Nuño

«Desde El Rincón»

Ya es triste que tengamos que volver la mirada tantos años atrás para encontrar un alcalde que ejecutó cosas grandes (mejores y peores) por Alicante. Fue el boticario Agatángelo Soler, quien gobernaría la ciudad desde 1954 a 1963 haciendo “alcaldadas” que aún perduran, como La Explanada, o una Albufereta que emulara los sueños neoyorquinos de su amigo Pedro Zaragoza para con Benidorm. Llegada la democracia, el socialista Lassaletta intentó conjuntar una ciudad incoherente, por culpa de la especulación franquista con barrios desperdigados como Juan XXIII, pero en su partido no le permitieron repetir un tercer mandato, accediendo al cargo el madrileño Ángel Luna para encerrarse en la alcaldía sin dejar mayor notabilidad en la vara de mando. Luego vino el pepero Luis Otto Díaz Alperi, del cual hablan más los tribunales que los historiadores locales, pero al menos enterró, gracias a su amigo Zaplana, mucho dinero en el subsuelo, evitando así las habituales riadas con muertos. Su protegida Sonia Castedo, por fin teníamos una alcaldesa, cayó en los mismos brazos o vicios-económicos del pelotari Enrique Ortiz, y aún hoy sigue destartalándose por los banquillos de la Audiencia. Hubo otros interinos, como Miguel Valor o Nino Llorens, pero no pasaron de circunstanciales.

Hoy ocupa la alcaldía un hombre triste, aunque a veces se le enfurezca la conciencia y vocifere en la calle sin que lo escuche más que su impotencia. Sus compañeros de partido saben que está quemando las siglas para las próximas elecciones municipales, pero nadie le da la salida digna que en sus pocos ratos de claridad demanda.

Los que auparon a Echávarri al puesto con un tripartito escaleno ahora lo abandonan a su mala suerte, pero teniéndolo cogido por el gaznate de los presupuestos variables

Quienes lo auparon al puesto con un tripartito escaleno, Guanyar Alacant y Compromís, ahora lo abandonan a su mala suerte, pero teniéndolo cogido por el gaznate de los presupuestos variables y atado con las cadenas de un pleno al siguiente pleno no sabiendo cómo van a cerrar los eslabones.

Los medios de comunicación lo tienen acribillado a críticas y raro es el día que no le disparan varias ráfagas, pero su paquidérmica piel lo cubría aparentando indiferencia. Hasta ahora. Porque como de repente Gabriel Echávarri se nos empieza a desenfocar recordando a ese personaje de Woody Allen en “Desmontando a Harry” cuando el actor Robin Williams se va volviendo borroso, primero ante las cámaras y después ante las personas, incluidos su propia familia incapaz de concretarle la cara.

Y eso es lo peor que le puede pasar a un político, y más a un alcalde/alcaldesa, que ya nadie te reconozca porque se te ha desdibujado el mandato, te has vuelto opaco, indefinido hasta ya inimaginable respecto a quien fuiste cuando te vas borrando de la memoria colectiva.

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