“Likes” en venta

Isabel Egido columnaLikes, seguidores, patrocinios, marcas, fiestas, pases VIP, viajes… Una vida idílica basada en la respuesta de las redes sociales. En ella todo son risas y cuerpos perfectos, helados de colores y labios rojos que duran toda la noche. Tacones de infarto y lentejuelas, novios de sonrisa perfecta y cócteles con las frutas más exóticas.  Pero sobre todo una vida en la que todo son flashes, fotos, cámaras, móviles apuntando y siendo testigo de cada paso. De cada glamuroso y feliz paso… y de cada “vendible” paso, claro.

El nuevo movimiento “profesional” de influencers, youtubers o bloguers convierte en cotidiano una falsa vida de lujo y diversión

Porque lo que importa es vender. Vender una vida en la que todo es maravilloso y en la que siempre se es feliz. Y aunque parece ridículo tener que decirlo, esto no es real. Pero es que este nuevo movimiento “profesional”; el de influencers, youtubers, bloguers… está convirtiendo en cotidiano una falsa vida de lujo y diversión.

El público de estos nuevos líderes de opinión no son más que adolescentes y jóvenes que utilizan las redes sociales para descubrir el mundo. Pero, es más, muchos de estos nuevos líderes de opinión no son más que  estos mismos adolescentes y jóvenes que se encuentran con la fama mostrando su vida e intimidades en  las redes. Hemos llegado a un punto en el que su realidad, la de los más manipulables de nuestros congéneres, los adolescentes, creen TODO lo que aparece a través de la pantalla de su móvil. Es casi imposible que entiendan que eso que observan casi las 24 horas del día no es más que una realidad edulcorada, en la que los filtros no solo son los propios de las fotos, sino de la misma vida.

youtubersUna vida de felicidad y reconocimiento que muchas veces esconde soledad y necesidad casi enfermiza de atención. Las redes sociales se conmocionaron con la muerte, por suicidio según ha informado la Guardia Civil, de una de estas influencers. Casi 300.000 seguidores en Instagram, publicaciones a 500€  y una cola de marcas queriendo ponerse en contacto con ella. Fotos de deliciosa comida, de paisajes incomparables y de ropa que no todos los bolsillos se pueden permitir. Muchas sonrisas, muchos abrazos e innumerables manos unidas. Pero la realidad de la que habla su familia es de una joven dañada por desencantos amorosos, una persona que se sentía sola y que en silencio sufría por tener que mostrar una imagen que no era la suya. Y es que la verdad parece que no vende…

Algunas de sus compañeras han hecho desaparecer fotos en las que salían con ella, no vaya a ser que se pueda relacionar su imagen con este suceso

Una triste realidad que hace patente casi como un jarro de agua fría lo frívolo de este mundo. Incluso algunas de sus compañeras han optado por hacer desaparecer fotos en las que rendían homenaje o salían con ella en otros momentos, no vaya a ser que se pueda relacionar su imagen con este suceso. ¿Sangre fría o exigencia de las marcas?

Quizás es una tarea imposible evitar que los jóvenes vivan la realidad 2.0 y que lo que las marcas vendan sean una irreal felicidad, pero si que nos debemos a nosotros mismos y a las generaciones futuras un poco de verdad. De enseñar que no todo los que brilla es oro y que, es más, que no es necesario que lo sea.

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