Periodismo a pesar de las notas de prensa

Hacer periodismo es escuchar, leer, contrastar la información y ofrecer a los lectores todas las partes posibles de la noticia, para que ellos saquen sus propias conclusiones y tengan una base desde donde poder comparar con los datos que ofrecen otras fuentes.

Hay asuntos que requieren un mayor control que otros. No es lo mismo transmitir en un medio informativo las actividades de un programa festivo o cultural organizado por una institución que relatar su desarrollo, los detalles de su organización o la repercusión que tiene sobre la economía local. En esta parte es donde suele intervenir más el ‘periodismo de gabinete’. Los balances que ofrecen las instituciones sobre las actividades que organizan son un claro ejemplo de la manipulación informativa que se ejerce desde las oficina de comunicación, ya que se les presupone una clara intencionalidad de repetir su eslogan político del momento y reforzar sus convicciones.

Las notas de prensa son muy válidas. A veces sirven como fuente principal, para plasmar un programa de actividad en cuestión, y otras como una fuente informativa más. Pero nunca debe ser la única fuente consultada. El periodista no puede caer en la trampa de publicar aquello que ha sido ‘cocinado’ por un gabinete de prensa. Hay que indagar, preguntar, plantearse otros supuestos y dudar de aquellos detalles que parecen obvios. Solo desde esa postura podrán ser explicadas las cosas con exigencia. Y ante la duda, volver a preguntar.

Como hacen los maestros de la nueva cocina con sus platos, un periodista debe «deconstruir» la nota de prensa para volver a armar la noticia con aquellos datos esenciales. Se han de utilizar los detalles proporcionados por el dircom como una fuente informativa más, pero se deben contrastar con otras, para ofrecer al lector una perspectiva amplia, lo más ajustada a la realidad posible.

“Un medio de comunicación que publica notas de prensa tal cuál es como un restaurante que sirve a sus clientes comida preparada comprada en un supermercado”

La herramienta principal del periodista es la pregunta. Aunque cada vez es más frecuente escuchar aquello de “no se admiten preguntas”, eso no es una opción para el profesional de la información. La pregunta es el único modo de conseguir respuestas y, por lo tanto, de confirmar los hechos.

La obligación de los políticos es la de dar explicaciones sobre aquello que preocupa a la opinión pública. En ocasiones se confunden los términos, y desde algunas instituciones procuran manipular el mensaje ofreciendo solo una parte de este. Proliferan las notas de prensa, cortes de audio seleccionados para radio o vídeos editados que se sirven a las televisiones de la zona ‘listos para emisión’. El problema es que esta información teledirigida se ofrezca a los medios acompañada de campañas de comunicación institucional que influyen en su cuenta de resultados y, por lo tanto, influya también en sus líneas editoriales.

Decía Montesquieu que “el poder corrompe y la única manera de neutralizar sus malignos efectos es limitarlo con entidades de similar capacidad”. Y añadía que “el poder absoluto corrompe absolutamente”. Es necesario vigilar los tres poderes del estado que este politólogo francés impulsó durante la revolución francesa. Y para eso está el periodismo, para poner el foco en la defensa del ciudadano y la opinión pública. Si el periodista pierde la independencia en la elaboración de la información, el ciudadano queda en manos de aquel que debe ser vigilado. Por eso, y volviendo de nuevo al principio, insisto en que el periodista debe escuchar, leer, contrastar la información y ofrecer a los lectores todas las partes posibles de la noticia, acudiendo a los gabinetes de prensa como aporte documental, para hacer periodismo a pesar de las notas de prensa.

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